LAS TENSIONES EDUCATIVAS
Uno de los temas que se pone en tensión en la
realidad educativa de los últimos tiempos, es el concepto de gestión. En los
paradigmas anteriores, la gestión estaba directamente relacionada con el poder
y el control. Éste siempre centralizado y direccionado, contrariamente a las
nuevas visiones de un gobierno democrático con participación de todos los
actores de la comunidad educativa.
Si analizamos esta irrupción de gobierno en lo
educativo, naturalmente todas las acciones de participación remiten a políticas
educativas. Éstas se aplican en todas las planificaciones de las acciones, en
concreto en el plano escolar, en las decisiones manifiestas o silenciosas,
tomadas por los diferentes agentes.
Teniendo en cuenta el concepto de
participación directa, debemos detenernos en los cambios semánticos y
culturales de la palabra adolescencia. Esta transformación significativa del
adolescente, sobre todo en la forma de vinculación, impactó de forma directa en
la concepción que el adulto tiene de estas prácticas en las que se encuentra
inmerso.
En esta realidad descripta, una de las
posturas que genera más desgaste en la gestión y en la vida escolar, es la
negación absoluta de la identidad del adolescente. Hoy en día, son tan cerrados
los grupos de pertenencia, que los jóvenes están ajenos al vínculo con el mundo
adulto paternal y, por lo tanto, se sienten extranjeros en el mundo que les
brinda el colegio.
Siguiendo con estos choques, la escuela siempre pensó su vida
institucional en sólidas bases, no solo por su historia social y cultural,
sino, y sobre todo, por pensar siempre en la producción de saber para un futuro
posible. Esto se daba gracias a una estabilidad del saber y de la economía. En
estos tiempos, todo es cambiante y fugaz. Pero, igualmente, el sistema
educativo sigue pensando en el producto final como algo fijo, que debe seguir
preparando al alumno, al joven para el mañana.
Para que estas tensiones convivan, es
necesario realizar revoluciones educacionales. Son procesos fundamentales que
toman largos períodos en aplicarse. Solamente tendrán claros objetivos y
cambios significativos, no solo deben operan en el poder; deben gestar nuevas
prácticas culturales, sociales, que produzcan una nueva concepción de la
educabilidad.
La escuela, como espacio de vinculación y
reafirmación de identidades y saberes, no debe resistir. Se sabe que existen
fuerzas opuestas entre los paradigmas escolásticos y los de nuestros jóvenes.
Diferencias que en algunas normativas provinciales y nacionales, están
explícitamente tratadas. Lo fundamental es que el espacio de la escuela, con
las decisiones políticas y la re-significación de conocimientos, construya su identidad a partir de esos paradigmas, pero no de su exclusión y
resistencia.
Una evidente tensión, y en aumento, en la
jornada diaria, es la relación familia-escuela. Por un lado, socialmente, se
exige que los establecimientos brinden excelencia académica, pero, cuando
alguno de los alumnos no alcanza esos objetivos, las familias reclaman porque
argumentan situaciones de exclusión.
Joven/adulto, familias/escuela, son paradigmas que en el ámbito escolar,
constantemente, están en tensión. Lo fundamental, para todos los que están en
educación, es la no resistencia, sino la adecuación, las reformas de
construcciones sociales, la aplicación de nuevas estrategias, para lograr
conjuntamente, objetivos comunes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario