Al recordar y describir mi
primera práctica educativa me vienen a la mente infinidad de recuerdos… una
escuela rural; un viaje de una hora hasta ella; un lugar maravilloso alejado
del ruido y los trajines del pueblo; una experiencia que nos quedaría marcada para siempre en nuestras vidas.
Durante el viaje contamos con
la presencia de Griselda, directora y único personal docente del lugar. Nos
contó anécdotas, la historia del lugar, nos describió a cada niño y niña, cómo
es el trabajar siendo maestra y directora a la vez y las metodologías de
trabajo a nivel áulico e institucional con tan solo cinco alumnos/as.
De esta forma se presentan los 80 Km que separan Río Colorado de la
estancia Pichi Mahuida; charlas, mates, risas, ansiedad por llegar…
Un cartel viejo y desgastado anuncia que hemos llegado. Entramos a
la pequeña estancia, ubicada a orillas del Río Colorado y Griselda nos va detallando todo a nuestro paso. Una
calle ancha y sin salida al final del camino, es todo lo que encierra aquel
pueblito que alguna vez fue sinónimo de movimiento, prosperidad y trabajo.
Junto a una pequeña iglesia
cerrada y con signos de abandono, se erige una pequeña estructura que a simple
vista pareciera como si fuese una casa de familia. El asombro llega cuando nos
damos cuenta que es la escuela 176 la
que vemos delante nuestro. Un mástil en el jardín delantero; en una pared
lateral una campana cuelga esperando quebrar su silencio. Sobre la izquierda,
el patio. Testigo de juegos, rondas, secretos y carcajadas de niños.
Nos recibe Denis, portera y
madre de dos de los niños que asisten allí. Lentamente recorremos la
institución mientras nos detenemos en cada detalle q llama nuestra atención. De
a uno empiezan a llegar los chicos y tímidamente nos van saludando.
Suena la campana delatando el comienzo de clases y los niños se
ubican con sus guardapolvos blanco radiante frente al mástil. Con el mate nuevamente preparado, dejamos a Griselda y
los niños comenzar sus actividades, y salimos a recorrer los alrededores.
Charlamos con los vecinos del lugar, y nos cuentan su relación con la escuela.
Todos hacen referencia a la importancia de la misma y que es ella la que le da
vida al pequeño pueblo.
Durante
el almuerzo aprovechamos a conocer a los niños y niñas; entusiasmados nos
relatan sus actuaciones en el acto celebrado por el 25 de mayo. Nos cuentan qué
les gusta hacer, cómo es la dinámica grupal…
en el recreo descubrimos sus juegos cotidianos y no pasa mucho tiempo hasta que
nos hacen partícipes de los mismos.
Finalizada la jornada escolar, con un fuerte abrazo nos despedimos de los niños y de
las niñas, de Denis y de Griselda pero no sin antes acordar nuestra próxima
visita.
Subimos
al coche y de a poco los rostros que conocemos desde hace solo unas horas se
hacen borrosos a la vista pero muy nítidos en la mente. ¡¡Hasta la próxima Pichi!!